En la provincia de Curicó, el tema de las licitaciones se está transformando en un dolor de cabeza recurrente.
Lo que debería ser un proceso técnico, transparente y profesional, muchas veces termina convertido en un campo minado donde aparecen errores, improvisaciones… y sospechas.
No es secreto para nadie: cuando una licitación se arma sin expertos, sin bases claras y sin equipos realmente capacitados, el resultado suele ser el mismo. Empresas que reclaman, oferentes que denuncian y, finalmente, expedientes que terminan en la Contraloría. Y cuando eso ocurre, los proyectos se frenan, los recursos se pierden y quienes pagan el costo son los vecinos.
En los últimos tiempos, este escenario se ha vuelto casi parte del paisaje en varios municipios y también en uno que otro organismo público. Licitaciones mal hechas, bases poco claras o procesos cuestionados están dejando en evidencia una debilidad estructural: falta de profesionales especializados y, sobre todo, falta de rigor técnico.
Porque aquí no se trata solo de cumplir con un trámite administrativo. Una licitación mal diseñada abre la puerta a que pasen “gato por liebre”, genera desconfianza y expone a las instituciones a cuestionamientos que terminan golpeando su credibilidad.
La pregunta es simple:
¿Cómo se mejora esto?
Con equipos profesionales de verdad, con capacitación permanente, con transparencia total y con decisiones que se sostengan en criterios técnicos, no en improvisaciones ni favoritismos.
Porque cuando las cosas se hacen bien desde el inicio, no hay denuncias que prosperen ni procesos que se caigan. Pero cuando se hacen mal, la Contraloría no demora en tocar la puerta.










