En un thriller político digno de horario prime, la UDI decidió que 88 votos no son una derrota, sino simplemente un “detalle técnico” que se puede corregir con la vieja confiable: recontar, revisar, reabrir y, si es necesario, mirar las urnas con lupa y luz ultravioleta.
La estrategia gremialista apunta a poner bajo la lupa unas 25 mesas donde según su versión habría inconsistencias, duendes electorales o, como mínimo, sumas hechas con sueño. En total, unos 8.750 sufragios quedarían en cuarentena mientras se define si el PDG realmente ganó… o si fue solo un error de cálculo digno de cuarto básico.
La jugada es simple: si se revuelve lo suficiente el avispero, quizá el diputado cambie de dueño. Y ahí está Felipe Donoso, en modo “refresh”, esperando que el proceso le devuelva la sonrisa parlamentaria. Observa cada movimiento como quien sigue la ruleta del casino: un giro más, y tal vez cae el número ganador.
Mientras tanto, el PDG mira desde la otra vereda con cara de “¿en serio?”. Porque si algo quedó claro en este capítulo, es que en política 88 votos pueden ser una derrota… o la excusa perfecta para montar una teleserie.










