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Sembramos con escasez de agua y con escasez de planes

Por Carolina Torres P.

Ex Seremi de Agricultura Región del Maule
Esta semana se presentó el presupuesto regional para 2026. Pero el problema no es el monto. Lo realmente inquietante es que, una vez más, nadie se hace la pregunta clave: ¿cuáles son las prioridades reales que el Maule necesita enfrentar con urgencia?
Nuestra región es agrícola por esencia. Su identidad, su historia y su futuro están entrelazados con la tierra.
Del gran exportador al pequeño campesino que riega con esfuerzo su parcela, todos llegan a la misma verdad: sin agua, no hay agricultura. Sin agricultura, no hay Maule.

Entonces, ¿por qué seguimos atrapados en el cortoplacismo? ¿Por qué los compromisos desaparecen con cada cambio de autoridad? ¿Cómo puede ser que, con un cambio climático que avanza a paso firme, aún no tengamos una estrategia hídrica regional seria, técnica y de largo aliento?

Ésta es la fractura de fondo en nuestro sistema institucional: la falta de continuidad. No podemos seguir improvisando cada cuatro años. El Maule necesita una política hídrica regional vinculante, construida con sentido común, rigurosidad técnica y consenso ciudadano. Una hoja de ruta que no muera con el próximo ciclo electoral.

No podemos aceptar que miles de pequeños agricultores vivan con la angustia de no saber si el verano traerá agua o solo incertidumbre. No es justo que temporeras y trabajadores rurales dependan de la suerte, cuando lo que necesitan es respaldo.

Esto va más allá de embalses o riego: se trata de proteger nuestros ecosistemas, asegurar la producción de alimentos, y entregar certezas a quienes sostienen esta región.

Como ex Seremi de Agricultura, lo digo con claridad: necesitamos pasar de la foto a la reforma. De las redes sociales a las soluciones reales. Hace falta una reforma legal que permita a las regiones diseñar y sostener sus propias políticas públicas. Que construya gobernanzas técnicas, legítimas y capaces de resistir el vaivén político.

¿Por qué no un Plan Regional de Seguridad Hídrica del Maule, con mandato legal, autonomía técnica y objetivos claros? Un plan que contemple inversión en infraestructura, educación ambiental, apoyo directo a pequeños productores, incentivos a tecnologías de eficiencia y conservación de suelos, entre otras acciones.

La agricultura no se planifica en años, se proyecta en décadas. Si no actuamos hoy, dejaremos un Maule más vulnerable, menos productivo y con menos oportunidades para las próximas generaciones.

La política necesita recuperar el sentido común, la seriedad y la responsabilidad con la gente. No estamos para promesas vacías. Estamos para proteger lo que importa. Porque cuando hablamos de agua, hablamos de vida. Y cuando hablamos de vida en el Maule, hablamos de nuestra gente.
Y ellos merecen mucho más que un presupuesto: merecen una visión. Una que no se postergue más.

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