Un nuevo remezón de alta intensidad volvió a sacudir la Municipalidad de Romeral. Esta vez, el epicentro se registró en puestos estratégicos de confianza del alcalde José Antonio Arellano (RN), específicamente en Secplac y Dideco, dos áreas claves que ahora quedan nuevamente a la deriva.
El sismo político no solo remueve cargos, también remueve las pocas certezas que quedaban sobre el rumbo de la actual administración. Con una seguidilla de cambios, salidas silenciosas y decisiones poco transparentes, la gestión municipal muestra grietas cada vez más profundas.
Lo que prometía ser una administración de renovación y orden se ha convertido en un buque sacudido por su propio capitán. Sin dirección clara, sin resultados visibles y con un equipo que no deja de rotar, la gestión Arellano se tambalea en medio de un escenario donde la planificación parece ser lo único que no ha llegado.
Desde adentro, el silencio es incómodo. Desde afuera, la ciudadanía observa con escepticismo una municipalidad que no logra levantar cabeza ni estabilidad. Y mientras el reloj sigue corriendo, Romeral sigue esperando algo más que promesas.











