Curicó – En tiempos donde los partidos tradicionales viven procesos de transformación o crisis, el nombre de Boris Tapia sigue resonando con fuerza como uno de los últimos representantes emblemáticos de la Democracia Cristiana (DC) en la región del Maule. Exdiputado, exconsejero regional (Core) y militante histórico de la falange, Tapia encarna una época donde la DC tenía peso territorial, vocación social y protagonismo político en el país.
A lo largo de su carrera, Boris Tapia fue reconocido por su cercanía con la ciudadanía, su discurso centrado en la justicia social y su inquebrantable lealtad a los principios del humanismo cristiano. Fue parte de la generación que ayudó a cimentar la influencia de la DC en el centro-sur de Chile, en momentos donde el partido lideraba coaliciones y promovía reformas clave para el desarrollo del país.
Desde el Congreso y luego en el Consejo Regional, Tapia impulsó iniciativas en beneficio de la descentralización, el fortalecimiento de la salud pública, el apoyo a pequeños agricultores y la protección del medio ambiente. Su labor le valió el reconocimiento de diversas organizaciones sociales y de sus propios adversarios políticos, quienes valoraron siempre su capacidad de diálogo y compromiso con el territorio.
Hoy, con una DC fragmentada y enfrentando una profunda crisis de identidad, la figura de Boris Tapia es vista por muchos como la de “el último DC”: el símbolo de una generación que creyó firmemente en el proyecto democratacristiano como vía para el progreso del país, y que supo combinar principios, territorio y gestión con vocación de servicio público.
En un escenario político cada vez más polarizado, su legado sigue siendo un punto de referencia para quienes aún creen en la moderación, el centro político y la búsqueda de consensos en tiempos difíciles.










